Chile 1 – Uruguay 0: una Huasada

festejo de gol chile

En una noche donde los hinchas locales pasaron de la angustia a la euforía, Chile venció a Uruguay por 1-0 y se instaló en las semifinales de la Copa América por primera vez en 16 años. El único gol del partido lo anotó Mauricio Isla cuando ya Uruguay pensaba más en los penales. Polémica por las expulsiones de Edinson y Cavani y Jorge Fucile sobre el final del cotejo.

Las estadísticas y los pronósticos están para romperse. Y eso entendió el Chile de Jorge Sampaoli. Una de las generaciones con los mejores jugadores del balonpie chileno tenía la misión de hacer pesar la localía y derrotar, por sobre todo, a esa historia que persigue desde atrás en muchas casos. Un par de números: desde 1983 que Chile no le ganaba a Uruguay por este torneo, la leyenda de la final perdida en 1987; algunas realidades, como por ejemplo, entender que éste era el primer partido de absoluta seriedad y fuerte rivalidad que afrontaba La Roja.

En los primeros 20 minutos Uruguay generó problemas con sus armas. Pero resultó difícil limitar a un rival de tan ricos conceptos técnicos como el chileno. La Roja intentó penetrar con su interesante caudal de juego. Liderados por Valdivia en zona central, empujados por Isla por derecha y con las sociedades que propusieron Vidal y Sánchez por derecha, el equipo de Jorge Sampaoli cargó una y otra vez por derecha.

La misión era clara: atacar a Jorge Fucile, un jugador que en la última temporada sumó apenas 350 minutos en cancha en siete partidos con Nacional donde sufrió una rebelde lesión por la que tuvo que operarse y hacer una larga recuperación en Portugal. Fucile sufrió mucho cada vez que lo encararon. Cada vez que salió a la descubierta –Valdivia le hizo un caño monumental– y cada vez que se vio superado numéricamente. Pero con el correr de los minutos se fue acomodando. A pura personalidad. El gran problema que tuvo fue que el Cebolla Rodríguez regaló mucha espalda y dejó demasiado campo fértil para el intenso juego de los chilenos por afuera. Nunca fueron por el sector de Maximiliano Pereira. Le apuntaron directamente a Fucile.

El partido de los charrúas fue como contra Argentina, fue el que se podía prever de antemano; casi el mismo que cuando Uruguay le ganó a Chile en noviembre pasado, también en Santiago: la Roja presionando antes de que el visitante consiguiera pasar la mitad de la cancha, y la Celeste esperando con un claro 4-4-2 que dejaba a Diego Rolan y Edinson Cavani de punta, aunque los dos también se retrasaban a reducir espacios por delante de los volantes.

El equipo de Jorge Sampaoli tardó 25 minutos en sacudirse el miedo escénico inicial y a partir de un zurdazo débil de Charles Aránguiz al arco, tras una notable jugada colectiva del mediocampo chileno, comenzó a aventurarse sobre la portería de Fernando Muslera. A partir de allí, se vio el juego chileno que exige Sampaoli, ya que se sucedieron las oportunidades: cabezazo desviado de Alexis, remate con rosca de propio Sánchez que se fue elevado, un venenoso tiro de Vidal que hizo que el portero uruguayo devolviera la pelota con puños hacia adelante.

En el segundo tiempo, el ataque del equipo local era permanente y la pelota parecía ir por inercia hacia la portería del tablero marcador de goles. Pero Uruguay no estaba dormido y Rolán casi factura a los 53 minutos.

A los 63 minutos, un entrevero entre Gonzalo Jara y Edinson Cavani significó la segunda amarilla para el delantero charrúa y Uruguay quedó con 10 jugadores. El goleador del PSG estaba fuera de sí y las emprendió contra Jara, quien lo provocó, y contra el árbitro brasileño Sandro Ricci antes de abandonar el campo.

Párrafo aparte para la actuación del colegiado brasileño: en los primeros 15 minutos del partido se advirtió que el partido no iba a terminar en sus cauces normales ya que hubo demasiado roce y demasiada pierna fuerte, todo amenizado por la complacencia de un árbitro que hablaba con los jugadores más que ser enérgico y sancionar con tarjeta las acciones.

Jorge Sampaoli quiso aprovechar la situación de tener un hombre más y envió a la cancha a Mauricio Pinilla y Matías Fernández. El delantero de la Atalanta, un 9 clásico de área, debía ser la competencia dura en el juego áereo para los eficientes Godín y Giménez. Fernández, en tanto, era un compañero en el abastecimiento para Valdivia.

Desde ese momento quedó claro que lo de Uruguay era aguantar y apostar por el contragolpe o una jugada de pelota detenida. Y lo de Chile: atacar, atacar y atacar, quedando en algunas ocasiones con un juego corto en el aspecto defensivo.

Desde la expulsión de Cavani en adelante, Chile volvió a cobrar ímpetu y se vio obligado una vez más a salir con todo en ofensiva y para ello apostó al ingreso de Matías Fernández y Mauricio Pinilla. Uruguay se defendía, Godín se hizo una vez más el “patrón” del fondo, que acompañado por “Josema” Giménez sacaban toda pelota que entraba al área. Un robo en ofensiva terminó en un pase del “Cebolla” Rodríguez a Carlos Sánchez quien de volea remató y pasó muy cerca del palo izquierdo de Bravo, paralizando los 45 mil corazones presentes en el Estadio Nacional.

Cuando parecía que la definición por penales era inminente, Mauricio Isla recibió la pelota de Valdivia fuera del área (inteligente el Mago para leer la jugada y no caer en la vorágine de la situación) y la clavó con un tiro bajo en la portería de Muslera. Fue el alivio, el desahogo de los 45 mil aficionados. Más que el gol en sí, era espantar esos fantasmas que tenían atemorizados a todos.

gol de isla

De allí en adelante comenzó la otra parte del show de Ricci y compañía, con una segunda amarilla a Fucile mal sacada que dejó con diez a los visitantes y casi sin chances de poder ir a buscar el empate. Fucile se fue expulsado por falta a Sánchez y casi se arma una batalla campal. Los campeones defensores estaban completamente descontrolados. Giménez, de hecho, empujó al juez de línea, pero no recibió sanción. En definitiva, un partido que estuvo netamente invadido de pésimos fallos arbitrales, pero que en lo deportivo mostró a Uruguay mostrando poco en cancha y eso lo pagó.

¿Mereció el triunfo Chile? Sí. Por su propuesta. Por querer más. Intentó 547 pases en el partido con una eficacia de 93% (acertó 507, erró solo 40) contra un rival que intentó la menor cantidad de pases: 81, fallando 17 (79% de eficacia). No pudo ser. Chile ganó a pura insistencia cuando Uruguay ya estaba jugado a los penales por la expulsión de Cavani.

Síntesis

Chile: C. Bravo; M. Isla, G. Medel, G. Jara, E. Mena; C. Aránguiz, M. Díaz (70′ M. Fernández), A. Vidal; J. Valdivia, A. Sánchez y E. Vargas (70′ M. Pinilla). DT: Jorge Sampaoli.

Uruguay: F. Muslera; M.Pereira, J. M. Giménez, D. Godín, J. Fucile; C. Sánchez (85′ Jonathan Rodríguez), A. González, E. Arévalo Ríos, C. Rodríguez; D. Rolan (57′ A. Hernández) y E. Cavani. DT: Óscar W. Tabárez.

Gol: 80′ Jara (C).

Árbitro: Sandro Ricci (Brasil).

Asistentes: Emerson de Carvalho y Fabio Pereira (Brasil).

Cuarto árbitro: Carlos Vera (Ecuador).

Amarillas: Valdivia (C), Cavani (U), Fucile (U), Isla (C), Cavani (U), M. Pereira (U), Fucile (U).

Expulsados: 62′ Cavani (U), 87′ Fucile (U).

Estadio: Nacional de Santiago.

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