El Triunfo de la Lógica

Una nueva frustración alimenta un largo y tedioso historial de finales perdidas en las últimas dos décadas. El Seleccionado Argentino, alimentado de las máximas figuras del fútbol mundial, sucumbió ante el Combinado Chileno que en condición de local y con una idea de juego bien definida pudo obtener con la eficacia del remate desde los doce pasos lo que no fue capaz de lograr dentro del rectángulo de juego durante 120 minutos de fútbol.

Por Juan Pablo Cuello Morales.

Con el resultado puesto se han leído y escuchado muchas cosas, de manos y boca de aquellos mismos que día tras día y desde el importante lugar que les otorga el sentido de pertenencia a los medios masivos de comunicación han venido alimentando esa condición de “super equipo” conformado por “jugadores estelares” a los que, evidentemente, les falta en lo colectivo poder refrendar lo que a nivel individual y en el cabotaje de sus competiciones protagonizan fecha tras fecha en sus correspondientes ligas.

Los “Albicelestes”, con una estructura similar heredada de la “Era Sabella”, nuevamente se debatieron en una final ante sus propios imposibles. En la cita mundialista, sabido era que aquel grupo humano llegaba condicionado por una magra capacidad física, producto del trajín de una competición europea que no entiende de permisos ni licencias extraordinarias. Aún así, Alejandro Sabella tuvo la capacidad de poder devolver a los argentinos a los primeros planos mundialistas, perdiendo en un partido equilibrado ante un Seleccionado Alemán con mucho desarrollo a sus espaldas. Pero, al menos, el partido fue perdido en el terreno ante un combinado jerárquico, quizás el mejor del mundo en muchos aspectos.

Pero ante Chile, Argentina llegaba con un grupo humano más consolidado, que contaba con el “refuerzo” de Carlos Tévez, en una situación física muy mejorada y con rendimientos individuales superlativos en cada uno de sus equipos de sus máximos exponentes. La idea de juego de Martino, marcadamente ofensiva, no le posibilitó a la “Albiceleste” poder trascender con decisión sobre sus rivales, más allá del partido semifinal ante el Seleccionado Paraguayo. Y si bien el encuentro ante los Trasandinos el trámite del encuentro fue parejo pero con una leve superioridad táctica favorable a los argentinos, no lograron ni por asomo poder generar la gran cantidad de situaciones de riesgo que caracterizó el funcionamiento colectivo demostrado a lo largo de la Copa. Sin lugar a dudas, “algo” pasó.

El análisis es sencillo, y no hay que retorcerlo para justificarlo. La Selección Argentina quizás no sea lo que desde el micrófono o la página escrita nos quieren hacer creer que es. No desde lo Colectivo, pues nadie puede dudar del nivel de las individualidades, aún funcionando dentro de sus estructuras profesionales. Es un buen Seleccionado, que se junta cada cierto tiempo a competir, que logra resultados merced a las características individuales de sus integrantes, pero que falla a la hora de definir situaciones en los momentos claves porque de darse la lógica -y tanto en Brasil como en Chile se dio- debe enfrentarse ante otros Seleccionados que desde hace MUCHO TIEMPO viene trabajando con una estructura similar, con la paciencia y el desarrollo que un proceso necesita para lograr trascender en el tiempo, cada uno dentro de sus posibilidades.

En Alemania destacamos los apellidos de Klinsmann y Löw. En Chile, nombres como Bielsa, Borghi y Sampaoli. Pero detrás de ellos viene desarrollándose un serio trabajo de preparación que se origina desde la formación del jugador desde su etapa como juvenil. Algo que la Argentina no supo capitalizar durante los gloriosos ciclos de Pekerman – Ferraro – Tocalli como seleccionadores pre-profesionales. Alemania y Chile (por citar ejemplos victoriosos) sí lo han hecho. Y cada uno en el ámbito donde puede desarrollar protagonismo (los Teutones a nivel mundial, y los Trasandinos en el Continental, título que no habían logrado ganar en la casi centenaria historia de este Certamen que organizaron con el claro objetivo de ganarlo)
¿Por qué no la Argentina? Repasemos nombres. Pensemos en estilos, en conducta, en liderazgos. Tras el 2006 nos debatimos entre Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella y, ahora, Gerardo Martino. Todos ellos defensores de distintos ideales, que vapulearon con sus distintas necesidades el trabajo que los seleccionadores juveniles venían realizando, ese “sistema” de formación que tantos logros obtuvo a nivel Sub-20 con jugadores que luego brillaron en sus equipos pero que en los seleccionados mayores hicieron “agua” permanentemente. En tanto, si se toman el trabajo de repasar los nombres y apellidos del seleccionado alemán que se conforma básicamente desde hace un lustro de los bloques que aportan el Bayern Munich y el Borussia Dortmund, o de aquellos Sub-20 chilenos que lograron el Subcampeonato de Canadá, se encontrará con una continuidad en la línea del tiempo que justifica ampliamente este “Triunfo de la Lógica”.

Si nos comparamos a los alemanes, la Lógica triunfa con más razón. Ellos no viajan grandes distancias para preparase. La disponibilidad es absoluta, directa, los sistemas de entrenamiento físico y nutricional se encuentran estandarizados al nivel de la contextura del europeo. No existe desarraigo. No existen barreras. No existen distancias.
Chile trasciende esa Lógica y comienza a experimentar aquello de tener que empezar a sumar elementos que se encuentran experimentando sus carreras profesionales en distintas ligas, representantes de distintas culturas. Distintos sistemas de entrenamientos. Existe el desarraigo, pero también existe el condicionante de una limitación que termina transformándose en una de las grandes virtudes de este conjunto: más allá de estos jugadores no hay más. Saben que eran una generación “única”, y fueron mentalizados (tanto para lo bueno como para lo malo) para protagonizar su vida útil con esa concepción filosófica de las cosas, más allá del resultado final.

Por tanto, la mirada debe ser absolutamente interna. La reflexión debe ser una que lleve al verdadero origen de esta diatriba. Recuerdo rápidamente el equipo que se consagró en la Copa América diputada precisamente en Chile durante aquel gélido 1991. Goycochea era el arquero de Racing. Sus laterales, Basualdo y Altamirano, eran titulares inamovibles de aquel River Plate de Daniel Passarella que se cansaba de ganar títulos a nivel local. También decía “presente” Leonardo Astrada. La defensa la conformaban el ya consagrado Oscar Ruggeri y Sergio Vázquez, defensor de Ferro que luego jugaría en Rosario Central. Darío Franco era el volante central, jugador de Newell´s Old Boys de Rosario, y a su lado jugaban Leonardo Rodríguez (San Lorenzo) y el “Cholo” Simeone, quien junto a Claudio Caniggia eran los únicos “internacionales” de aquel conjunto. Completaba el equipo Gabriel Batistuta, quien tras descollar en Boca firmaba recientemente contrato con la Fiorentina, equipo importante dentro de un segundo orden en Italia.

Luego llegarían las épocas de las grandes transferencias y de la apertura total del “mercado internacional” para el jugador argentino. Europa, México, los destinos donde toneladas de dólares y euros pasarían a engrosar las cuentas bancarias de chicos que hasta no hace poco mataban el hambre gracias al fútbol. Pero el Fútbol, ese parafernálico mundo también protagonizado casi estelarmente por empresarios, managers y multinacionales, fueron “matando” ese “hambre” (el de Gloria) Y junto con ello llegaron nuevos sistemas, que fueron modificando y aplazando sutil pero definitivamente la filosofía del fútbol rioplatense. Algo que ha comenzado a sucederle a Brasil, que ha “europeizado” su sistema de preparación a tal punto que ahora sus jugadores destacan por lo físico más bien que por el descaro que lo caracterizaba a la hora de jugar.

Para finalizar, no me quiero olvidar del Periodismo. Sí, ese “maldito periodismo” que interesada y mercantilmente nos eleva a la talla de “dioses” a simples seres humanos que adolecen de nuestras mismas miserias y virtudes. Ellos, en el campo futbolístico. No escapan del ámbito de la vida.
Con el resultado puesto, fue muy triste observar como medio tras medio, periodista tras periodista, “destruían” el altar de oro con cimientos de barro que habían erigido a lo largo de estas hermosas semanas de la Copa. Aún se escuchan y leen cosas vergonzosas de aquellos que han logrado estar donde están, entre otras cosas, gracias a los “operativos” que han efectuado para favorecer la opinión pública de tal o cual de estos protagonistas. Lejanos ya a su verdadera función, hubiesen sido los mismos que se hubiesen abrazado en el triunfo, pergeñando nuevos “negocios” a futuro con la Imagen de una Victoria por la que nada hicieron por alcanzar. Porque, en definitiva, la pelota entra al arco por la virtud y la miseria del jugador de fútbol.

Vaya el merecido castigo para ellos. quienes lamentablemente cumplen con el axioma “a rey muerto, rey puesto”. Porque la Selección podrá ser abandonada o descreída pero seguirá estando allí. Se irán nombres y llegarán otros, pero “ellos” también seguirán estando allí, principalmente haciendo negocio con los sentimientos ajenos. Y guarda, porque dentro de aquellos ajenos también se encuentran seleccionadores y jugadores.
Por tanto, y a pesar del dolor, queda la certeza en el auténtico amante del Fútbol como disciplina deportiva que se ha dado, nuevamente, el “Triunfo de la Lógica”. Ojalá alguna vez esa Lógica pueda ser practicada en nuestro ámbito, para que con su funcionamiento podamos hermanarnos en el fraternal abrazo que otorgan tanto los logros como los fracasos. Que este nuevo subcampeonato haya servido para que más mentes se iluminen y comiencen a entender por dónde pasa la base del verdadero negocio, y que el repudio social hacia quienes sistemáticamente nos mienten día tras día, semana tras semana, fecha tras fecha, sea el comienzo de una era que pueda devolvernos el auténtico Triunfo. Argentina se encuentra de regreso, aún muy a pesar de “ellos”.

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