[RUSIA 2018] MÉXICO 1 – ALEMANIA 0: Mostrando el camino

El último campeón del mundo, Alemania, sucumbió ante un combinado mexicano que sorprendió a propios y extraños, merced a un esfuerzo colectivo que sirvió para llevarse valiosos tres puntos en su comienzo mundialista en Rusia.

Por Juan Pablo Cuello Morales.
 
Fue el acabado de una obra que ya venían perfilando otros selecciones, sin ir más lejos la ordenada Islandia. Esto es: reconociéndose inferior, salir a jugarle de igual a igual al poderoso sin olvidar las propias limitaciones, con el libreto bien estudiado de posibilidades que acercasen al buscado resultado final.
 
México se dio cuenta que podía. Más allá de lo planificado por Osorio en la previa. Porque hubo un estudio, hubo un entendimiento de un rival que se encuentra ingresando a este Mundial en estado transicional, al que ahora le cuesta ser “esa” Alemania arrolladora. Porque fue llevando a su rival al terreno que más le duele, el peor de los escenarios, en cada contragolpe, en cada despeje en su propia área, con cada saque de manos de su incondicional arquero Ochoa. Porque Alemania llegó al arco rival a lo Alemania, pero no pudo nunca definirlo, siempre estuvo incómodo de cada al arco, siendo que terminaron siendo las pelotas paradas o los remates desde fuera de las áreas sus situaciones de mayor riesgo, más allá de un único mano a mano en la primera etapa, cuando las cosas seguían pardas.
 
México entendió que “esa Alemania” rápida, vibrante, del 2014 ya no existía, que por algo se recuesta en la lentitud y parsimonia de un Khedira que en la justa brasilera había sido claramente suplente y que hoy parece inamovible, o con un Kross que ya llega con su voluntad a todo, o con un Muller cuya vanidad futbolística intenta hacerle creer que podrá superar lo del maravilloso Miroslav Klose. México se encargó de hacerle entender que todo aquello es tiempo pasado, que en el camino quedaron valores como Goetze o Schurle, que por distintos motivos ya no están ni estarán entre los dirigidos por Joachim Low. Con cada corrida por los laterales, donde siempre la defensa teutona quedaba mal parada, con cara desparramo, solamente salvado por el despeje providencial hasta que el inevitable gol, finalmente, llegara.
 
Me dirán que en el complemento los Monarcas se defendieron. Pero defenderse es una cosa cuando el resultado es favorable, y cuando no lo es es un suplicio. México sufrió. Pero más lo hizo Alemania. Porque los tres puntos se lo llevaron los aztecas. Porque esos tres puntos que parecían relativamente accesibles en la previa fueron perdidos para el poderoso que ahora deberá tratar de hacerle la mayor cantidad de goles posibles a Corea Del Sur para dirimir la clasificación con los suecos, un seleccionado que no se la va a poner fácil.
 
Quizás, quizás, hasta Corea del Sur tampoco se lo haga sencillo. Basta recordar la tradición de jugadores surcoreanos con pasado en la Bundesliga como para abrir la luz de esperanza a un partido similar, a una derrota pagada con alto precio.
 
Como sea, México mostró un camino. Y quizás este sea esa clase de Mundial, la de las respuestas para quitarle a los Poderosos. Y quizás no termine siendo el sueño de los departamentos de marketing de las empresas que mueven este hipermillonario negociado que es el fútbol, siempre siempre tan cargado de sospechas. La victoria de los latinoamericanos por sobre los europeos debe ser entendida como ese necesario soplo de aire fresco que debe ser festejado para seguir haciendo de este deporte algo sencillamente maravilloso.

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