OPINIÓN: Los culpables somos todos

Luego de la histórica y humillante derrota frente a Croacia por 3-0, el periodismo en general (no solamente el deportivo), la gente en las redes sociales, la gente en las calles, directores técnicos, futbolistas que no fueron convocados para este Mundial y hasta ex futbolistas empezaron a repartir culpas deliberadamente para todos lados, pero, ¿realmente el único culpable es Sampaoli?, ¿estamos seguros de que el culpable es Messi? ¿Tapia? Vayamos por partes.

Por Mike Luca.

Cuando se arma un proyecto, lo ideal es armarlo desde arriba hacia abajo, los cabecillas de esto siempre son los dirigentes, porque son los que se encargan de tejer la metodología que se va a utilizar para lograr los objetivos propuestos. Pero claro, un proyecto necesita seriedad, y esto fue lo que siempre le faltó a esta asociación; desde ese famoso 38 a 38 en las elecciones por la presidencia, al partido suspendido contra Israel, o la falta de información sobre cómo se van a encarar los torneos del ascenso o hasta la falta de respeto de Angelici, al empezar las tratativas en una concentración de la Selección con Nahuel Guzmán, cuando la cabeza de todos los jugadores debería estar enfocada en un solo objetivo; o también la costumbre de arreglar los partidos amistosos pre-Mundial frente a selecciones de menor calibre, sin dejar nada relevante desde el lado futbolístico, pero sirviendo desde lo económico y “anímico”. Una AFA que jamás creyó en un proyecto a largo plazo decidiendo cambiar al menor “fracaso”, llegando a la insólita suma de tener hasta 9 técnicos en 12 años, cuando países con mayor organización como Alemania, poco le importó que su equipo principal llegue a finales o semifinales y luego las pierdan, ya que creían que se iba por el camino correcto, manteniendo al mismo DT hace justamente 12 años. Irregularidades e irregularidades por doquier, pero esto sigue.

Cuando se arma una Selección, se necesita a un líder de grupo con los metas totalmente claras y que, como mínimo, se haga cargo del mando del equipo. En el caso de Sampaoli se dio todo al revés: mantuvo un doble discurso desde lo táctico, al decir que no iba a colocar a Mascherano en el puesto de mediocampista central, ya que era evidente que ya no estaba para ocupar esa posición, pero el técnico decidió utilizarlo de esa manera. Al desligarse de alguna manera de la responsabilidad, y decir que este equipo es el de “Messi” no hizo más que desautorizarse un poquito más de lo que ya estaba y le tiró absolutamente toda la carga al 10 argentino, con el afán quizás de darle mayor confianza. Un esquema de juego planteado tácticamente inentendible, ya que el técnico de Casilda, buscó implementar esa famosa línea de 3 que le había dado tanto éxito en la selección de Chile. Pero claro, se olvidó de algo fundamental, que esa selección chilena conocía ese esquema y ya lo tenía de alguna manera “aceitado”, hecho que tuvo que haber advertido en este equipo antes de querer imponerlo. Y ni hablar a la hora de la convocatoria, ya que dudo que haya llevado a todos los jugadores que tuvo ganas y conseguir ese famoso recambio que tanto habíamos pensado.

Jorge Sampaoli en el ojo de la tormenta, tras la goleada sufrida ante Croacia por 3-0. (Foto: eltiempo.com).

 

Luego, indudablemente hay que hablar de Lionel, ese astro a nivel mundial, ese jugador capaz de conseguir un sinfín de títulos y una cantidad de goles abismales, ese hombre que a su corta edad se daba las inyecciones el sólo para poder crecer, ese muchacho que decidió emigrar hacía España ya que aquí no quisieron tenerlo en los clubes principales, con todo lo que implicó esa decisión, ya que a sus trece años dejó a sus familiares en la ciudad de Rosario y decidió ir en busca de un sueño. Un pibe que decidió defender estos colores antes que los de la selección española, con la que aunque sea incomprobable, tal vez hubiera conseguido dos Eurocopas (2008 y 2012) y un Mundial (2010), como lo hizo este equipo sin Messi. Porque seamos justos, todos sabemos bien que a España le faltaría un Messi, y a Messi en Argentina le faltan los compañeros de España. Esto es indudable, ya que este magnífico deporte tiene como prioridades el contagio emocional y el juego asociado colectivamente, dos fallas esenciales que se les puede ver a este grupo. Del contagio emocional me refiero al rol que debería ocupar un capitán ante las adversidades, se sobreentiende la decisión sobre quién porta la cinta por fines estrictamente ligados al marketing, pero eso es otro asunto. En lo que a mí me compete, considero que el líder o referente de un grupo debería aparecer siempre, y con aparecer no me refiero a sacarse a dos tipos de encima y clavarla en un ángulo, no pido burlar con un dribbling asombroso al lateral rival y habilitar de manera brillante al 9 para que defina sólo frente al arquero. O como apareció “la pulga” frente a una Ecuador eliminada y le marcó 3 goles para darle la clasificación a la albiceleste. Cuando hablo de aparecer, también hablo desde lo anímico, ya que si no aparece anímicamente el capitán, ¿quién debería hacerlo?, particularmente no espero esa actitud de inexpertos a nivel internacional como Tagliafico, Meza o Pavón, si espero ese cambio de ritmo anímico por parte del líder del equipo, para intentar contagiar al resto.

Lionel Messi, otro de los que recibió fuertes críticas una vez consumada la derrota con goleada ante Croacia. (Foto: clarin.com).

 

El gran problema de hablar sobre lo anímico, es caer en la simplicidad de comparar a Messi con Maradona, una comparación odiosa y nociva que me parece que lo único que genera es una mayor carga de presión y una expectativa hasta irreal del asunto. Cuántas veces habremos escuchado frases como “este pibe no canta el himno, el Diego se ponía a llorar emocionado”, “en las difíciles Maradona aparecía siempre por el equipo”, “este pibe no tiene sangre, no le llega ni a los talones a Maradona”. Y frases con un contenido que tenían como único fin el de destruir la figura de Messi, privándose de la posibilidad de disfrutar de su grandioso fútbol, tal como es. Porque no tenemos que buscar en Lionel una actitud similar a la de Diego, ya que son personas totalmente diferentes y en contextos totalmente diferentes. Yo decidí disfrutarlos al mirar un video y comparar jugadas similares entre ellos, ya que desde lo futbolístico tienen semejanzas muy notorias y evidentes. Así que por favor, háganse un favor a ustedes mismos y dejen de comparar a los mejores jugadores de la historia de este país, empiecen a disfrutar un poco más del fútbol, quédense con eso.

De esta manera me da la chance de mencionar al último culpable de este fracaso histórico frente al país de la Península Balcánica, a un culpable para algunos silencioso, para algunos hasta irrelevante, intrascendente e imperceptible. Aunque a mí particularmente, me parece el culpable más despreciable de todos. El responsable al que hago referencia, es la sociedad de este país y aunque caiga en la horrible situación de generalizar, no lo veo inoportuno en esta ocasión; ya que nosotros también tenemos una cuota de responsabilidad en esta derrota, ya que esperamos siempre más y somos exitistas por excelencia. Alabamos el éxito y defenestramos la derrota sin importar ni el método utilizado ni las formas, siempre lo más fácil es la destrucción masiva y deliberada. Me atrevería a decir que se pudo generar una mala costumbre, propia de algunos directores técnicos de generaciones pasadas, que impusieron el famoso “ganar o ganar” y tratando a este deporte de “ganar o morir”, cuando nunca una definición le fue tan esquiva a mi parecer. Pero de esta pensamiento violento y desfavorable también es gran partícipe la prensa, que se encarga de endiosar a un jugador, dándole características inhumanas y con la misma facilidad, hundirlo a ese futbolista hasta el infierno mismo.

Lo único que genera la prensa con esta actitud, es confundir a la gente y contagiarla de un pensamiento erróneo. Somos extremistas, al que gana se lo trata como Dios y al que pierde se lo trata como al mismísimo diablo, nunca se puede buscar un punto medio. O “somos los mejores del mundo” o “somos los peores del mundo”. No encontramos ese bendito límite de realidad que tanto nos hace falta. El periodismo deportivo argentino fue gran partícipe de esto, ya que en una gran cantidad de ocasiones, dejaron de lado su profesionalidad y se dedicaron a opinar como hinchas, al expresarse de maneras como: “me gustaría que se lesione tal jugador”, “mira cómo se quedó afuera Chile”, “que vergüenza Brasil te comiste siete”, actitud que considero nefasta e innecesaria, ya que esa manera se mandó un mensaje a la sociedad que consume estos medios de festejar en mayor medida las desgracias ajenas ante la inexistencia de felicidades propias. Pero, más allá de una clara incompetencia nos habla de una notable soberbia, de creernos siempre los mejores por el simple hecho de tener una lista de jugadores que hacen cuarenta goles como mínimo por año, cuándo eso nos demuestra que no entendemos nada de fútbol, ya que este juego se arma de atrás para adelante, y no de adelante para atrás. Este periodismo deportivo, que tanto tengo el anhelo de intentar cambiar de algún modo, por el afán de vender un poco más su programa busca el morbo y el conflicto constante, sin darse cuenta de que esta manera generan una violencia mayor en los televidentes.

Foto: clarin.com

 

Para finalizar, Argentina aún no está afuera, aunque depende de una gran cantidad de resultados muy complicados, el fútbol muchas veces nos demostró que no tiene lógica, ya que tenemos mil ejemplos de casos en los que nos fascinó y sorprendió para dejarnos atónitos. Para dar uno claro y estrictamente relacionado a los mundiales, me tendría que remontar hace exactamente 64 años atrás, cuándo la Hungría de Ferenc Puskás le propinó una goleada histórica a Alemania Federal en la fase de grupos, ganándole por 8-3; y luego de manera asombrosa, se volvieron a ver las caras en la final de esa edición, aunque esta vez terminaría en victoria del país teutón por 3-2. Parece una quimera, una hazaña, una utopía, parece hasta imposible, pero no lo es y debemos entender eso. Pero también debemos empezar a ser más humildes, a tomar conciencia de todas las falencias que se cometieron a lo largo de este camino para no volver a caer en ellas. Hoy más que nunca, hay que tener fe hasta el último minuto que se tenga la posibilidad de clasificar, pero que lograr este objetivo no nos tape todos los errores, empecemos a tener memoria para de una vez por todas, revertir esta situación de la que somos responsables todos.

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