Los más y los menos de la Copa del Mundo

Por Juan Pablo Cuello Morales (Kwell)

LOS MÁS

Números Positivos
Antes de comenzar la Copa del Mundo existía cierto pesimismo sobre lo que podría llegar a ocurrir en cuanto a lo futbolístico por cuanto habían selecciones que llegaban en pleno recambio generacional, otras con demasiados veteranos, e ignotos representativos. Pero la realidad futbolística superó con creces cualquier expectativa armada en cuanto a lo positivo. Brasil 2014 se ha transformado en la Copa del Mundo con mejor promedio de gol por partido jugado de la historia (2.7, supera el promedio de 2.3 existente desde Sudáfrica 2010). Aparte, los estadios han estado ocupados en un 98.2%, y el seguimiento que existe de los encuentros a través de las redes sociales han superado con creces los cálculos previos efectuados por los organizadores. La gente se ha “enganchado” con la Copa del Mundo, ya sea por deporte, ya sea por fenómeno cultural.

El Fair Play de la zona de grupos
Han bajado considerablemente los ajusticiamientos durante los encuentros. El promedio de amonestaciones sostenido hasta Sudáfrica 2010 era de 3.8 por partido y el de Brasil 2014 es de 2.7. En tanto, el índice de expulsiones bajó del 0.3 al 0.2. El promedio de pases correctamente dados por los equipos subió de 353 a 384. El juego ha sido más limpio, en todos los sentidos, durante el primer tramo de Brasil 2014.

Zona de Promesas
La gran “cenicienta” de la Copa del Mundo ha sido, sin lugar a dudas, el seleccionado de Costa Rica. Cultores de un fútbol siempre prolijo, de profunda raíz colombiana, los “Ticos” han vencido sin atenuantes a uruguayos e italianos, y se dieron el gusto de jugarle con suplentes y conseguir un empate ante Inglaterra. Obtuvieron el sorprendente primer puesto en el famoso “Grupo de la Muerte”, eliminando a italianos e ingleses, y se enfrentaron a la Grecia de “Samarás + 10” en Octavos de Final, superando la hazaña de Italia ’90 al alcanzar los Cuartos de Final de la Copa del Mundo por primera vez en su historia, donde su rival –la hasta entonces implacable Holanda- no pudo vencer la resistencia de esa verdadera muralla llamada Keylor Navas. Si bien es cierto que llegó a penales en ambas instancias, nadie podrá olvidarse de los centroamericanos, que deberán encontrar en el trabajo de jerarquización de su propia Liga la clave para poder afianzarse definitivamente en el contexto internacional. Pero lo realizado por Argelia no le va en zaga. Los árabes (no se consideran africanos), quienes cuentan con elementos que han participado en seleccionados juveniles franceses, han logrado finalmente clasificar a los Octavos de Final de una Copa del Mundo, tras quedar relegados por un vergonzoso amaño entre austríacos y alemanes en España 1982, donde se dieron el gusto de ganarle –y bien- a la Alemania Federal subcampeona del mundo. En México 1986 la tuvieron más difícil, y en Sudáfrica 2010 no pudieron estar a la altura. Pero tras la injusta derrota ante Bélgica (a la que iban venciendo) llegaría una verdadera demostración de buen fútbol ofensivo ante la muy débil Corea del Sur y un empate con sabor a triunfo ante la impotente Rusia. Lamentablemente, no pudieron tomarse revancha ante los alemanes, pero vendieron cara su derrota, cayendo ajustadamente por 1-2 y forzando a los teutones a jugar un alargue (el otro lo protagonizarían ante la Argentina, en la Final).

Países Emergentes
El Mundial se ha caracterizado por la presencia de seleccionados americanos fuertes, decididos, que demuestran tener un presente con futuro prometedor y un pasado claro, alimentado por intencionalidad y trabajo. México, Chile y los Estados Unidos han consolidado su progreso futbolístico en Brasil 2014, a pesar de contar cada uno de estos países con contextos distintos. Los Aztecas cuentan con la liga más poderosa en cuanto a lo económica de todas las Américas, pero adolecían de la producción de jugadores de nivel en todas sus líneas. Pues bien: a pesar de la manera en que lograron la clasificación, los recientes logros obtenidos en Juveniles y Juegos Olímpicos demuestran el trabajo serio para la producción de jugadores de un equilibrado nivel en todas las líneas, a quienes suman veteranos de la jerarquía de un Rafa Márquez. Lamentablemente, aquellos goles mal anulados ante Camerún terminaron restándole presión a Brasil y atentaron para que los mexicanos pudieran aspirar a quedarse con el primer puesto de la Zona, lo que los hubiera llevado a jugar justamente ante los chilenos. En dicha instancia estuvieron a segundos de eliminar a los holandeses, en lo que hubiese sido otro de los grandes “golpes” de efecto de esta Copa del Mundo. Quizás las sustituciones pésimamente realizadas por su Entrenador le privaron de quitarse la mochila de “Seleccionado de Octavos de Final” porque, sin lugar a dudas, los mexicanos estuvieron para más. En tanto, la “argentinizada” Chile (sus últimos tres seleccionadores han sido Marcelo Bielsa, Claudio Borghi y actualmente Jorge Sampaoli) ha encontrado su identidad futbolística basándose en mezclar lo actitudinal con una marcada vocación de juego ofensivo. Y trata de practicar “su” fútbol independientemente del rival que tenga frente a sí. De esta manera venció sin atenuantes a Australia, dio “el” golpe ante España, y perdió ante una Holanda remixada que sabe administrar el contragolpe como pocas selecciones han podido hacerlo a través de la historia. Se midió con Brasil, el local, un seleccionado que siempre le ha ganado con el nombre. Pero hizo falta algo más que eso. Chile desnudó las miserias tácticas de Scolari y protagonizó un partidazo que hasta debió haber ganado de no mediar la hasta entonces “buena suerte proverbial” brasilera, que superó a la “Roja” desde el punto penal tras un angustioso alargue. “Chile” ya es Chile, no forma más parte de la Zona de Promesas. Es una realidad que ha pisado fuerte y que más allá del resultado final de la serie encontrará su mayor desafío en poder continuar produciendo jugadores con una identidad marcada de juego. Fundamental será para dicho proceso la futura Copa América, a desarrollarse en tierras trasandinas. Por último, el turno de los Estados Unidos. Desde aquel timorato y aficionado seleccionado que sería vapuleado en Italia 1990, el progreso del fútbol norteamericano –mal acompañado por una Liga que funciona tan solamente durante seis meses, como suelen estructurarse los deportes de equipo de aquel país- se fundamenta en un trabajo que surge desde las estructuras del “College” hasta llegar a la Universidad. Ningún futbolista norteamericano llega a la Major League sin un título bajo el brazo, como ocurre con el Básquet y el Fútbol Americano, y esa cultura y educación (sea o no forzada para poder practicar el deporte) se termina notando dentro del terreno de juego. Quizás sea el norteamericano el fútbol mejor practicado desde lo Reglamentario, pero ahora le han sumado picardía y peso ofensivo (y eso a pesar de haber dejado en casa al “gordito” de Landon Donovan, al que Dempsey parece no extrañar demasiado). Como sea, la influencia germánica que viene recibiendo de parte de un Jürgen Klinsmann al que cantar el himno norteamericano ante “su” Alemania no parece importarle demasiado (obligación constitucional por ser representante oficial del Estado) le ha sentado más que bien, y se nota que quieren más. Trascendieron en un grupo donde eran candidatos a salir últimos cómodos y, sin embargo, vencieron a Ghana, debieron triunfar ante Portugal (revirtiendo el resultado) y cayeron ante una Alemania que es una cosa atacando pero otra muy distinta defendiendo. Le plantearon un partido de igual a igual a un equipo con potencial como lo es el belga, y hasta pudieron habérselo ganado en una jugada final en tiempo reglamentario. Ya en el alargue, Lukaku fue demasiado y quebró finalmente la resistencia de un heroico Tim Howard. Eta Estados Unidos logró que el Mundial de Fútbol fuese por primera vez en su historia el evento deportivo que más norteamericanos siguieron desde sus receptores, aún con las Ligas Mayores de Baseball en pleno apogeo. Se nota que se han tomado el “Soccer” en serio y el mundo futbolístico se lo agradece.

Vigencia Jerárquica
Aún con las eliminatorias en curso, en rueda de amigos todos comentaban que a Alemania no había con qué darle, que iban derechito hacia la Final. Después se conoció el sorteo, y teniendo en cuenta a la lógica, muchos de quienes admiran a este terrible seleccionado se sintieron aliviados por notar que no se cruzaría de nuevo con la Argentina (por lo menos hasta la final) pero sí con Brasil (podrían enfrentarse en semifinales). Pero todos coincidían en el hecho que era una de las grandes candidatas naturales a protagonizar una nueva consagración. Como sea, los dirigidos por Löw siempre encuentran el recurso para hacer daño en los arcos rivales. Los cuatro goles ante Portugal demostraron que a pesar de contar con elementos veteranos, la “renovación” en ofensiva encabezada por ese “animal” del área que es Müller continúa vigente. Pero Ghana despertó luces de alarma en cuanto a lo defensivo, y la poca productividad ante Norteamericana terminaron por opacar un tanto su rendimiento general. No llegaron con puntaje óptimo a los Octavos, y por momentos se las vieron negras con la “Cenicienta” Argelia, pero ya desde Cuartos, con la trascendental victoria ante la bien encaminada Francia, “liberaría” al “once” teutón, que protagonizaría la más espectacular y catastrófica goleada de una Copa del Mundo. Alemania le propinó ese necesario y relegado cachetazo a la orgullosa e injusta Brasil de Scolari. La venció por 7 a 1 (5 de dichos goles convertidos en 25 minutos de juego) y la “borró” de la Copa. Luego llegaría Argentina, otro partido, otra historia. Pero quedará en la retina del amante del buen fútbol aquella verdadera demostración de lo que significa jugar al fútbol. La auténtica Jerarquía, de pié. Pero quien les escribe esta reseña mencionaba lo injusto que sería la historia del fútbol si en sus páginas –alguna vez- no escribe como Campeona del Mundo a los “Padres” del fútbol moderno (o “total”). Otra incipiente mezcla de veteranía con renovación, la Holanda de Van Gaal fagocitó a todos sus rivales de grupo asestando contragolpes mortíferos. Cinco a los restos de la España campeona del mundo (¡España puede decir que ha salido campeona del mundo y aún no Holanda!), tres a la esforzada Australia (muchos minimizan este triunfo pero que para la moral naranja era más que importante porque no habían logrado imponerse nunca ante los “Kangaroos” en el historial de enfrentamientos entre ellos), y dos a la indómita Chile de Sánchez y compañía para completar 10 goles en 3 partidos. Por tanto, se constituía en “mi” candidata personal, que se dirimió por enfrentarse a su propia historia, la que no pudo escribir con mayúsculas desde Alemania 1974. Y nuevamente fracasó. Dio síntomas de fatiga ante México, encontrando en errores del rival su clasificación a Cuartos. Ya allí no pudo en 120 minutos de juego vencer el arco costarricense. Y ante la Argentina, definitivamente se “borró”, no quiso jugarlo, no supo cómo. Llegó a los penales por la anemia ofensiva “albiceleste”, y sucumbió ante las atajadas de Sergio Romero. Ya liberado de la “presión”, le fue fácil erigirse en el mejor de los perdedores ante la fantasmagórica Brasil, a la que le convirtió tres goles. De esta manera, termina el ciclo de Van Gaal y el de jugadores como Robben y Van Persie y comenzará el de otros que, como siempre, intentarán ser protagonistas muy a pesar de su propia historia.

Esperados regresos
Colombia y Bélgica pisaron fuerte en su regreso a las fases finales de una Copa del Mundo. Los “Cafeteros” no participaban desde Francia 1998, y los “Diablos Rojos” desde Corea-Japón 2002. Los dirigidos por José Néstor Pekerman encontraron en el argentino al punto de equilibrio necesario para amalgamar a las difíciles personalidades colombianas, y ha inspirado para que el fútbol local recupere el juego característico de aquel país que los argentinos que allí se acercaron hace más de medio siglo les habían imprimido a fuego y piel. Un grupo fácil, 9 puntos y 9 goles. Enfrentaron a la desequilibrada Uruguay en Octavos, seleccionado al que Pekerman siempre le costó enfrentar pero al que también siempre logró imponerse. En Cuartos sucumbió injustamente ante Brasil mediante dos pelotas paradas a una. Nos regaló al jugador revelación del Mundial y, a la postre, a su goleador, el mediocampista surgido de Banfield James Rodríguez, quien quizás por poco tiempo más continúe defendiendo los colores del Mónaco francés. En tanto, la generacionalmente recambiada Bélgica, seleccionado al que muchos en la previa daban como uno a tener en cuenta, sigue siendo un combinado en formación y con mucho futuro, pero al que le cuesta demasiado llegar al resultado. Es que se trata de un equipo que juega en equipo, pero que lamentablemente termina dependiendo de alguna individualidad para terminar de explotar. Le gana a todos con lo justo, sea del nivel que sea el rival, pero dicha situación no pareció ser una que pudiera seguir sosteniendo en la Copa más allá del Octavo de Final ante los Estados Unidos. En Cuartos sucumbió ante una timorata argentina que logró el gol rápidamente y luego se dedicó a defenderse sin la pelota. Los belgas se limitaron a tirar centros, y así se despidieron del Mundial con la necesaria premisa de tener que producir un poco más en cuanto a lo cualitativo en la inminente Eurocopa. El peso de la experiencia Contra todos los pronósticos, tanto Miroslav Klose como Farid Camilo Mondragón Alí pudieron cumplir con su sueño de inscribirse con la mayor de las dignidades en el libro de récords de las Copas del Mundo. El ariete alemán consiguió el empate ante Ghana apenas segundos después de haber ingresado al terreno de juego, y de esa manera alcanzó a Ronaldo en el top score de goleadores mundialistas con 15 tantos. Luego de ello, se dio el gusto de gritar el N° 16, el que despojó al brasilero Ronaldo del “Top One” justamente en la fantástica goleada de semifinales ante el “Scratch”. En tanto, el arquero colombiano, quien ingresó como suplente de Ospina en la goleada ante Japón, se convirtió en el jugador más veterano en disputar una Copa del Mundo con 43 años recién cumplidos tres días antes. El anterior récordman era el mítico Roger Milla, quien jugó con 42 años para Camerún el Mundial de Estados Unidos 1994. Otros arqueros veteranos en disputar copas mundiales han sido Dino Zoff (campeón del mundo con Italia en España 1982), el inglés Peter Shilton y el escocés Jim Leighton (todos tenían 40 años en sus últimos mundiales, Italia 1990 y Francia 1998).

Los Grandes que siempre están
Más allá de los resultados que hayan obtenido sus seleccionados, los “grandes” que no nos han defraudado han sido el brasilero Neymar Junior (demostró que es un jugador de fútbol bonito y actitudinal hasta la criminal fractura que sufrió en rodilla en alto del mediocampista colombiano Zúñiga), los holandeses Arjen Robben y Robbie Van Persie (los daban por acabados y fuero los artífices de muchos de los mejores momentos de fútbol ofensivo del Mundial), el uruguayo Luis Suárez (decisivo en el partido ante Inglaterra hasta que la cadena se le zafó de nuevo con el mordiscón ante Italia que lo expulsó de la Copa), el francés Kareem Benzemá (implacable en la definición), el alemán Tomas Müller (tiene apenas 25 años y va por el récord de Klose), el belga Fellaini (un exquisito jugador-técnico dentro del terreno de juego), el español David Villa (demostró la injusticia de su relegamiento dentro de un plantel comandado por una gavilla Madrilista y otra Barcelonista) y el australiano Tim Cahill (demasiado castigo haber nacido oceánico, aunque al menos va a poder decir que jugó un gran mundial personal, cosa que “monstruos” como George Weah y Ryan Giggs nunca podrán decir). Pero varios escalones por encima de todos ellos, nos ponemos de pié para recibir a los dos auténticos Abanderados de lo que significa sentir y jugar al Fútbol en todas sus dimensiones: me refiero al argentino Javier Mascherano y al alemán Bastian Schweinsteiger, quienes dejaron bien el alto al Deporte por encima de todo y fueron los líderes espirituales de lo producido por sus seleccionados. Verdaderos Campeones. Mención aparte para Lionel Messi, quien no tuvo un Mundial parejo pero que cuando se lo propuso demostró ser, realmente, distinto.

Las gratas revelaciones
Aunque a cuentagotas, cada aparición de Oscar en Brasil marca un inconfundible sello de distinción. Si bien más veterano, mundial consagratorio del arquero mexicano Ochoa, a quien comenzamos a conocer en aquella mítica final de la Sudamericana 2007 entre Arsenal y las “Aguilas” del América. Por supuesto, Alexis Sánchez es uno de esos jugadores que quiere aprovechar el Mundial para demostrar lo equivocado que se encuentra la Gavilla Barcelonística que lo quiere bien lejos de la compañía de Messi. Donde debería aparecer Wesley Sneijder, y por si pareciera poco con Robbie y Arjen en el “once”, ingresa Memphis Depay y hace esos goles que terminan por tranquilizar a la “Naranja Mecánica”, pero llamativamente no fue utilizado por Van Gaal cuando quizás más se lo necesitó. Poneos de pie ante James “Taladro” Rodríguez, el creador de fútbol más jerárquico de Valderrama a esta parte. Ni que hablar de la frescura ofensiva del costarricense Campbell, el que no se encontraba en el álbum de figuritas y que selló a fuego su garbo en la memoria del pueblo uruguayo. Por último, destaco a la dupla de mediocampistas belgas que tan bien acompañan a Fellaini cuando deciden darle “bola” y la bola: Eden Hazard y Dries Mertens. Y, por supuesto, a esa auténtica realidad que es Mario Goetze.

Bonus Track
Me quedo con imágenes del último Argentina-Nigeria, transformado por los caprichos de los sorteos en un verdadero “Clásico” del fútbol de selecciones. Ese diálogo entre Enteama y la terna arbitral sobre Messi. Y no que no quieran ganarle a la “Pulga”. Pero Messi despierta eso: admiración. Aún cuando quieras taparle un balón, o ir en su encuentro para que no remonte esa innumerable cantidad de “Barriletes Cósmicos”, el Respeto (con mayúsculas) que logra despertar en sus rivales es un caso único en el fútbol mundial. Que no le quede dudas que de tratarse de otro jugador, más de un temperamental defensor –en algún momento- no dudaría en ir a lesionarle. Con Messi no pasa eso. Podrá pasar con Cristiano Ronaldo, pero nunca con el Messi, que se retiró tras jugar casi todos los minutos de los Siete Partidos sin recibir un golpe verdaderamente preocupante o desleal. La otra imagen: la frescura de un “Pocho” Lavezzi que no deja de tomarse en serio lo que se juega no por descontracturar al juego con sus gestos. Conocedor del manejo de la imagen y las redes sociales como pocos, a sabiendas de la presencia de una cámara para inmortalizar cualquier cosa se permite el juego de tirarle como el “Chavo del Ocho” (sin querer queriendo) un poquito de agua a Sabella cuando éste le da seriamente una indicación, y aún así obedece audiblemente y se permite sonreír a la lente. Y podría sumarles el buen manejo de lo tecnológico en esas cámaras que siguen el juego desde las alturas, el colorido de las tribunas, la euforia del aliento de verdaderos países mudados en Brasil y un largo “etcétera” de un Mundial que ha superado y con creces cualquier expectativa.

LOS MENOS

Pobre seguridad
Cuando todos temíamos en la previa por la calidad de la infraestructura, y en medio del fervor de un pueblo que se negaba mayoritariamente a la realización de la Copa del Mundo en casa, las peores noticias las recibimos de parte de situaciones de inseguridad que se dieron dentro del mítico Maracaná en los partidos entre Argentina y Bosnia y Chile con España. Es que cientos de simpatizantes de Argentina y de Chile lograron con desborde avanzar hacia los centros de Prensa del Estadio, sin contar con entradas y mucho menos habilitaciones. Se vivieron momentos muy tensos, que han constituido un bochornoso hecho en el Estadio más importante de Brasil. Ni que hablar de algunos “detalles” que la calidad de la transmisión de imágenes permiten profundizar con respecto a detalles finales de terminación de los estadios (sectores mal pintados, materiales de poca calidad). Y lo lamentable: las muertes de la hija del “Tití” Fernández y del “Topo” López en situaciones relacionadas con la inseguridad. Y podríamos seguir con cierto descontrol en el manejo de los grupos de simpatizantes, el derrumbe de un tramo de autopista en Belo Horizonte, y un largo etcétera.

La debacle de los poderosos
A pesar de contar con las mejores ligas del mundo, España, Inglaterra e Italia abandonaron el Mundial en primera fase. Los Ibéricos se aferraron a la tradición impuesta por Francia e Italia en las anteriores ediciones con un fútbol que demuestra que lo suyo ha sido –simplemente- una situación generacional bien aprovechada en Sudáfrica 2010. En tanto, lo de Inglaterra es un tanto más preocupante, porque no logra poder practicar ese fútbol rígido pero efectivo que históricamente lo ha llevado a estar en los primero planos, no aprovecha la calidad del extranjero en su tierra para mejorar a su propio producto. Lo de Italia es, sencillamente, la más cruel demostración de lo que significa innovar para peor. Los “Azzurros” quedan eliminados por vez consecutiva en Primera Rueda y ya se transforman en un seleccionado poco respetable, del “montón”, un mojón del que les costará –y mucho- salir, amén de los clásicos problemas discriminatorios que afectan en profundidad a una sociedad que parece desdoblarse nuevamente entre el europeo norteño y el bestial africano del sur. Pero sin lugar a dudas que la peor nota la dio Brasil, que gastó un dinero exagerado para armar una Copa del Mundo que hiciese olvidar a la del ´50 para terminar traicionando a un estilo de jugar al fútbol con un esquema conformado por un entrenador y un plantel mezquino de individualidades desequilibrantes, más allá de lo que podían producir Neymar y Oscar. Sus goles prácticamente no fueron convertidos por delanteros, y recibió siete goles ante Alemania y tres ante Holanda, todos ellos de características llamativamente similares. Brasil jugó una Copa América glorificada (no le pudo ganar a México, a Chile la venció por penales y a Colombia por dos pelotas paradas), y cuando tuvo a rivales de fuste frente a sí recibió 10 goles en 2 partidos. Una vergüenza que lo ha llevado a Scolari a cerrársele definitivamente la puerta de dirigir tanto al “Scratch” como a cualquier otro equipo en su propia tierra.

La gran decepción
No quedan muchas dudas sobre qué seleccionado nuevamente defrauda los pronósticos previos. Portugal tiene una buena liga, con un equipo insignia durante los últimos años (Porto), produce buenos jugadores, pero nunca logra pegar el salto de calidad en un Mundial. Frustrante demostración de un fútbol anodino, vencido, autoboicoteado, fagocitado por la figura de un líder negativo como lo es Cristiano Ronaldo.

Debacle balcánica
Los seleccionados escindidos de la ex Yugoslavia siempre se las ingeniaban para llegar a estas etapas mundialistas, aunque Croacia siempre lograba sacarle una diferencia al resto. Lo cierto es que en esta edición tanto croatas como bosnios lograron presentarse, pero no lograron trascender en la Copa del Mundo. Se agotan sus recursos, y quizás en la próxima edición ya no contemos con representantes del fútbol balcánico. Se sumarán al ostracismo en el que se encuentran sumergidos desde hace tiempo países que en otro tiempo supieron protagonizar situaciones tales como Hungría, Rumania, Bulgaria, los Checos…

África empobrecida
A estas alturas, ya todos nos preguntamos para qué clasifican algunas selecciones. Camerún es el caso más emblemático, uno que tendrá que ser revisado por FIFA pero por motivos extrafutbolísticos. Siempre logra clasificar con holgura en su continente, pero cuando llega al Mundial los conflictos internos producidos por cuestiones étnicas terminan por boicotear su funcionamiento, recibiendo espantosas goleadas desde Estados Unidos 1994 hasta esta parte. El racismo dijo “presente” dentro de un seleccionado que llegó con atraso a Brasil y que priorizó el dinero y la política por encima de la gloria. Costa de Marfil llegaba con dos jugadores jerárquicos al Mundial, el temperamental Yaya Touré y el aún peligroso Drogbá, quien tuvo que observar estupefacto sentado en el banco de los suplentes el comienzo de cada partido. Claro, cuando entraba demostraba lo equivocado del capricho táctico, y contra Grecia fue demasiado tarde. De cómo dilapidar a una excelente generación por no tomarse en serio a la Copa Mundial, contratando entrenadores mercenarios. Por último, Ghana. La Ghana que debió vencer a Estados Unidos. La Ghana que vencía a Alemania. La Ghana que perdió contra sí misma ante Portugal. Un seleccionado que debería ser temible para el resto pero que se temió a sí mismo. Aquí los egos jugaron una mala pasada, y privó de dos de sus mejores elementos de un trascendental partido final ante los lusitanos (Boateng y Muntari).

El retroceso oceánico/asiático
Entre Australia, Irán, Corea del Sur y Japón sumaron tres puntos. O sea: ni juntos hubiesen podido clasificar como un peor segundo en la fase de grupos. A los oceánicos claramente no les mejoró el fútbol pasar a jugar la eliminatoria dentro de Asia, y más allá de Cahill o Bresciano, agua. Irán demuestra las letanías del fútbol árabe, un pueblo que juega por un caprichoso orgullo cuando se le da la soberana gana (no fue ésta la oportunidad, más allá del empeño demostrado por los “extranjeros” Reza y Dejagah). Lo de Corea del Sur es una clara demostración del daño que le ocasionó el cuarto puesto en su Mundial, y lo de Japón es claramente inentendible. Un tema que la FIFA deberá reveer, porque Asia es el único continente que no cuenta con representante alguno en los Octavos de Final.

La rivalidad Boateng
Ya había pasado en el mundial pasado. Volvió a ocurrir en el presente. La polémica armada por la historia de dos medios hermanos por parte de padre que nacieron casi al mismo tiempo y de madres distintas. Uno que decidió apostar por su país y otro que le dio la espalda a su tierra para buscar un mejor futuro en Europa. Ambos consagrados dentro de la elite mundial de jugadores de fútbol, pero alimentado por la “máquina de picar carne” periodística. Cansaron tanto que en el entretiempo fueron reemplazados por sus entrenadores, y el partido entre Alemania y Ghana –increíblemente- comenzó a vibrar en una frecuencia marcadamente positiva.

¿Dónde están?
Llamado a la solidaridad: se necesita con suma urgencia saber sobre el paradero futbolístico de los jugadores conocidos como Cristiano Ronaldo, Michael Rooney y Samuel Eto´o. Hace años que dicen que juegan ediciones de Copas del Mundo pero nadie logra identificarlos dentro del terreno de juego. ¿Qué, cómo, que el marketinero delantero lusitano lanzó el “centro de la muerte” en tiempo de descuento ante Estados Unidos y convirtió su tan famoso “gol inútil” pero acaparador de cámaras ante Ghana? ¿Y que “Baby Rooney” logró convertir, finalmente, en una Copa del Mundo ante Uruguay? ¿Alguien recordará estos datos en un futuro?

The Walking Dead
Se podrían hacer chistes fáciles sobre “Canibalismo” y “Uruguay”, pero eso sería caer muy bajo y no respetaría la seriedad de este humilde trabajo iniciado en FUTBOL DE SELECCIONES, pero lo de Luis Suárez ya roza sobre lo preocupantemente ridículo. Le faltaba el Mordiscón Mundial, y fue tras él cuando el choque ante Italia se convertía en algo denso, hasta insoportable. Esta vez su víctima fue Chiellini, al que le clavó todo el comedor superior, lo que le valió la actuación del Tribunal de Oficio de la FIFA, que terminó por expulsarlo del Mundial, suspendiéndolo por 9 fechas oficiales para representar a la “Celeste” y 4 meses como jugador de Club. Por tanto, hasta el 2015 el “bueno” de Suárez no pisará campo de juego alguno como futbolista profesional.

Los “grises” de la FIFA
Y si mencionamos el grotesco “Caso Suárez”, podríamos culminar este conteo tratando el tema de las zonas poco claras que existen dentro de un deporte que no evoluciona al mismo nivel que su superprofesionalizada estructura marketinera. Mientras en el rugby cada acción dudosa se analiza con la referencia visual, en el “balompié” aplicamos el aerosol para mantener la distancia en las pelotas paradas, sumamos jueces al lado de los arcos para determinar si una pelota entra o sale, o más recientemente utilizamos al sistema “Ojo de Halcón” del tenis para determinar si una jugada fue gol o no. Pero todo esto termina por atentar con el Reglamento, que es –en definitiva- el que tiene que comenzar a ser modificado para darle más respaldo a lo determinado por los referís, que deben administrar justicia en base a lo que creen ver. Y así se producen situaciones injustas como las de Nishimura en el Croacia-Brasil, en la que entiendo que el nipón observa penal en la acción que magistralmente fabrica Fred, u otras no visibles para el Juez como el mordiscón de Suárez. Sin embargo, la FIFA actúa con celeridad en un caso craso de actitud antideportiva no sancionada por un árbitro, quien a pesar de observar la marcación de los dientes del uruguayo sobre el dorsal del italiano no puede juzgar absolutamente nada por no haberlo visto de manera directa, circunscribiéndose al Reglamento. Por tanto, ¿qué hubiese pasado si Nishimura o Rodríguez hubiesen solicitado referencia visual en los gigantescos monitores de altísima definición para terminar de sancionar o no el penal en un caso y la expulsión en el otro? ¿O para la FIFA los monitores solo sirven como excusa para que Cristiano Ronaldo se observe en los mismos y determine qué look utilizará en la próxima ocasión? Ni que hablar de lo que pareció algo practicado de manera sistemática por parte de los jueces que arbitraron los partidos de Octavos hacia la Final. Es que todo lo bueno hecho en la primera parte del Mundial se cayó de un golpe con la catarata de advertencias y las pocas amonestaciones que mostraron los Jueces en la fase final. Para expulsar a alguien había que matarlo, porque ni a Zúñiga partiéndole la columna vertebral a Neymar se lo logró expulsar directamente. Brasil-Colombia fue el partido más violento de la Copa del Mundo, y si los otros no le fueron en zaga fue porque los seleccionados se preocuparon mayoritariamente de tratar de jugar al fútbol muy a pesar de los árbitros. Para el final, la seguidilla de partidos de Rízzoli, un mal juez secundado por malos asistentes de su nacionalidad, que le ganaron la pulseada al “millonario” e influyente sueco Erikkson, quien parecía tener todos los boletos comprados (literalmente hablando) para dirigir Alemania-Argentina. Y si hablamos de Jueces, la FIFA fue estricta para respetar la diferencia que debe existir en la designación de árbitros con respecto a las federaciones en las que se nuclean los protagonistas del juego en el match entre brasileros y holandés, designando a un ignoto argelino para comandar las acciones (en la primera “difícil” le erró por un metro en el inexistente penal sobre Robben), y “premiando” al impresentable Nishigawa con el hecho de ser el Cuarto Hombre, pero no titubeó en olvidarse de dicho asunto designando a un italiano para dirigir Alemania-Argentina cuando, tranquilamente, pudo haberlo dirigido un norteamericano.

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